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Ejercicio Nocturno y Sueño: Descifrando el Impacto del Entrenamiento Tardío en el Descanso

11 de julio de 2026Pablo Navarro4 min

Para muchas personas activas, limitadas por agendas diarias apretadas, el entrenamiento a menudo se pospone para la tarde o después del anochecer. Existe una preocupación común sobre si los entrenamientos realizados a última hora del día, especialmente aquellos de alta intensidad, pueden afectar negativamente la calidad del sueño y obstaculizar la recuperación. Sin embargo, un estudio reciente de la Universidad John Moores de Liverpool, publicado en el European Journal of Applied Physiology, ofrece una perspectiva tranquilizadora, sugiriendo que las sesiones nocturnas intensas no solo podrían no interrumpir el sueño, sino que potencialmente podrían mejorarlo.

Equilibrar el ejercicio con las exigencias de la vida cotidiana presenta un desafío constante. Para muchos, las horas de la tarde son la única oportunidad disponible para la actividad física. Esto nos lleva a una pregunta crucial: ¿cómo influye el ejercicio vigoroso al final del día en nuestros patrones de sueño y, consecuentemente, en nuestra recuperación?

El principio de Estrés + Descanso = Crecimiento, popularizado por autores como Brad Stulberg y Steve Magness, es fundamental para un programa de entrenamiento efectivo. Sin un descanso adecuado, el cuerpo no puede adaptarse y fortalecerse en respuesta al estrés del entrenamiento. Esforzarse continuamente sin suficiente recuperación conduce al estancamiento o incluso a un declive en el rendimiento. La recuperación, que a menudo incluye días de entrenamiento más suaves, descanso completo y una nutrición apropiada, es tan esencial como el propio entrenamiento.

Entre los diversos elementos de la recuperación, el sueño de calidad es, quizás, el más crítico. La mayoría de los adultos necesitan entre 7 y 8 horas de sueño por noche, y los atletas con frecuencia requieren aún más para facilitar una regeneración física y mental óptima.

Hallazgos del Estudio de Thomas et al. (2019)

Dada la prevalencia del entrenamiento vespertino, la cuestión de su impacto en la calidad del sueño es de gran relevancia. Esto se observa claramente en profesiones como los deportes profesionales, donde los partidos nocturnos implican que los atletas a menudo no se acuestan hasta bien entrada la medianoche.

Para investigar esta cuestión, científicos deportivos de los Philadelphia 76ers de la NBA colaboraron con la Universidad John Moores de Liverpool. Su estudio tuvo como objetivo comparar los efectos del entrenamiento de alta intensidad frente al entrenamiento de resistencia, ambos realizados por la tarde, sobre la calidad del sueño y la variabilidad de la frecuencia cardíaca (VFC).

El estudio involucró a ocho corredores con experiencia en resistencia, con edades comprendidas entre los 18 y 40 años, que estaban acostumbrados a realizar actividad física por la tarde. Los participantes se sometieron a tres condiciones diferentes, 3,5 horas antes de su hora habitual de acostarse:

  1. Alta Intensidad (HIGH): Seis intervalos de 5 minutos al 90% de su VO2pico, intercalados con períodos de recuperación de 5 minutos al 60% de su VO2pico.
  2. Baja Intensidad (LOW): 60 minutos de ejercicio al 45% de su VO2pico.
  3. Control (CON): Sin ejercicio.

La calidad del sueño se evaluó de manera exhaustiva mediante polisomnografía (un estudio detallado del sueño), sensores de actividad de muñeca y escalas subjetivas de calidad del sueño. La actividad del sistema nervioso autónomo, que indica el estado de recuperación, se midió utilizando un electrodo de 2 derivaciones y cálculos de la variabilidad de la frecuencia cardíaca (VFC). El estudio fue meticulosamente controlado, estandarizando las rutinas post-ejercicio, los factores ambientales e incluyendo una noche de familiarización para minimizar el impacto de dormir en un entorno de laboratorio desconocido.

Resultados Clave:

Los hallazgos del estudio proporcionaron datos concluyentes:

  • Como era de esperar, la condición de ejercicio de ALTA intensidad fue considerablemente más exigente, caracterizada por velocidades promedio, frecuencias cardíacas y esfuerzo percibido más elevados en comparación con la condición de BAJA intensidad.
  • Curiosamente, el tiempo total pasado durmiendo fue mayor tanto en las condiciones de ALTA (477 minutos) como de BAJA (479 minutos) intensidad en comparación con el grupo de control (463 minutos). Esto se correlacionó con un menor tiempo despierto en los grupos que realizaron ejercicio.
  • El tiempo que se tardó en conciliar el sueño (tiempo de inicio del sueño) para las diferentes etapas del sueño y las valoraciones subjetivas de la calidad del sueño fueron similares en las tres condiciones.
  • Aunque el ejercicio de alta intensidad resultó en una frecuencia cardíaca nocturna promedio ligeramente más alta (50 lpm frente a 47 lpm para BAJA/CON), no se observaron diferencias significativas en la variabilidad de la frecuencia cardíaca, lo que sugiere que no hubo un impacto adverso en el equilibrio del sistema nervioso autónomo.

Conclusión

Si bien es importante reconocer algunas limitaciones –como la falta de consideración de los cronotipos individuales (personas matutinas o nocturnas) y la brecha de 3,5 horas entre el final del ejercicio y la hora de acostarse–, esta investigación ofrece noticias alentadoras. Sugiere que los individuos no deberían preocuparse excesivamente de que el ejercicio vespertino, incluso a altas intensidades, impacte negativamente en su sueño. De hecho, los hallazgos indican un beneficio potencial en términos de un mayor tiempo total de sueño. Por lo tanto, parece que no es necesario evitar o modificar significativamente las sesiones de entrenamiento extenuantes si estas se realizan por la tarde o noche.

¡Prioriza el sueño, entrena eficazmente y disfruta de tus actividades!