La pretemporada no se trata solo de acumular kilómetros; es fundamental para reconstruir el cuerpo y estar más fuerte para la siguiente temporada. Sin embargo, el entrenamiento más intenso del mundo no te hará más rápido si no te recuperas adecuadamente. Investigaciones recientes demuestran que una recuperación deficiente, particularmente en lo que respecta al sueño, el estrés y la fatiga, puede aumentar significativamente tu riesgo tanto de lesiones como de enfermedades. Para los ciclistas que deben equilibrar esfuerzos extenuantes con el estrés de la vida cotidiana, aprender a recuperarse con la misma seriedad con la que entrenan puede ser la diferencia entre alcanzar el máximo rendimiento y una temporada arruinada.
Todos hemos escuchado la afirmación, pero vale la pena repetirla por su fundamento y veracidad: todo el entrenamiento planificado meticulosamente resulta inútil sin una recuperación de calidad que permita al cuerpo adaptarse al estrés. Más allá de mermar tu capacidad de adaptación y mejora, una recuperación inadecuada puede detener abruptamente todo tu progreso y adaptación al entrenamiento, aumentando tu riesgo de enfermar o lesionarte. El ejemplo más evidente surge de la falta de sueño o el desfase horario, que provocan fatiga mental. Múltiples estudios han demostrado un aumento en las tasas de accidentes de tráfico en los días inmediatamente posteriores a los cambios de hora estacionales.
En el campo de juego, una ligera disminución en la agudeza mental puede ser suficiente para que un jugador de rugby reciba un golpe de manera diferente. Para un corredor de montaña, esa ligera neblina mental puede hacer que no note una raíz o un desnivel en el camino. Y para nosotros, los ciclistas que circulamos en tráfico o descendemos, cualquier cosa que reduzca nuestra concentración es una receta para el desastre.
Los atletas a menudo se encuentran en la delgada línea entre estar en plena forma y el sobreentrenamiento no funcional, donde un alto volumen o intensidad de ejercicio disminuye nuestra función inmunológica e invita a las enfermedades a nuestros sistemas.
¿Existe una Asociación?
Antes de continuar, reconociendo que los autoinformes tienen problemas de precisión y sesgo, esta es, en términos realistas, la única forma en que se podrían obtener tales datos. En general, la probabilidad diaria de lesión fue del 0.98%, mientras que para la enfermedad fue del 1.09%.
Dado que muchas de las variables están interrelacionadas o se superponen, se agruparon estadísticamente en: 1) Psicológicas (estrés, estado de ánimo y motivación), 2) Fisiológicas (calidad del sueño, fatiga, duración del sueño) y 3) Físicas (dolor muscular). De manera similar, la carga de entrenamiento se categorizó en cargas agudas, crónicas y diarias.
En general, el análisis informó que existían asociaciones claras tanto en los 7 días como en los 28 días previos a la lesión o enfermedad con estas variables de preparación para el entrenamiento. Para la ventana de 7 días, el estrés, el dolor muscular, la fatiga, la duración del sueño y la calidad del sueño fueron predictores significativos. Curiosamente, el aumento de la motivación también se asoció, lo que podría indicar que los atletas se llevan al límite debido a estar muy entusiasmados por entrenar/competir. Para la ventana de 28 días, las principales variables significativas fueron un aumento del dolor muscular y cambios en la calidad del sueño.
¿Qué Deberíamos Aprender?
Creo que hay varias lecciones importantes que extraer de este estudio. Lo primero es que es crucial monitorear tu preparación real para el entrenamiento cada día. Además de simplemente descargar datos de tu dispositivo, utiliza tus datos de frecuencia cardíaca y potencia, y haz un hábito el conectarte contigo mismo cada mañana y anotar tus percepciones psicológicas y físicas. Puedes establecer el sistema que prefieras. Puede ser una simple escala de 1 a 10 para cada sensación psicológica, fisiológica y física (dolor muscular). O, para simplificar aún más, una única puntuación global de “preparación para el entrenamiento” de 1 a 10.
Hacer esto puede ayudarte no solo a rastrear lesiones o enfermedades, sino también a enriquecer tus notas de entrenamiento. ¿Qué causó esta caída o aumento en el rendimiento? ¿Cómo respondes a un bloque de entrenamiento duro? Todo esto ayuda en la planificación futura.
En segundo lugar, toma en serio los datos de preparación para el entrenamiento. No tienes que ser un catastrofista y evitar el entrenamiento duro o una carrera basándote únicamente en tus sensaciones de disposición. Sin embargo, monitorear regularmente tu disposición para entrenar, junto con comprender y escuchar a tu cuerpo, es una habilidad crítica que los atletas deben aprender y adoptar. Adapta tu entrenamiento y tu entorno de entrenamiento a tu estado actual, en lugar de seguir ciegamente un horario o un entrenamiento predeterminado.
Resumen
¡Diviértete y rueda rápido!








